El primer encuentro en la vida real El primer encuentro en la vida real
Una vez recibido los nombres de otros contactos, ¡la aventura coge forma! La misma se revela como una oportunidad para una nueva experiencia, un... El primer encuentro en la vida real

Una vez recibido los nombres de otros contactos, ¡la aventura coge forma! La misma se revela como una oportunidad para una nueva experiencia, un posible nuevo amor. ¿Pero cómo se llega al primer encuentro? Es importante ser capaz de pensar en lo que nos espera y en lo que nos guía en esta experiencia. A veces llegamos llenos de desilusión debido a las relaciones anteriores, y a sus malas experiencias. Y destinamos poco espacio y ganas al posible encuentro con otra persona.
Es necesario preguntarse cuáles son los aspectos que nos han llevado hasta allí, tener presente qué es lo que han dejado en nosotros las relaciones anteriores, y cuáles son los aspectos que nosotros hemos podido poner en juego o callar en esas relaciones ya perdidas. Comprender el pasado para poder afrontar el presente. ¿Qué nos espera en esta nueva relación? Es importante que logremos definir el aspecto esencial, es decir, que es un campo nuevo, un lugar nuevo y una nueva persona la que nos ofrece la posibilidad de encontrarla. Solo de este modo seremos capaces de crear una verdadera ocasión de encuentro con otra persona, estableciendo una relación de escucha recíproca y concediendo a nosotros mismos la posibilidad de vivir de forma completa una nueva relación, recordando que también “un largo viaje empieza siempre con un primer paso”.
El primer encuentro representa la primera ocasión real de encuentro, después de un eventual periodo de contacto virtual. Es una ocasión para ambos de veros, más allá del aspecto estético. Significa mirarse y descubrir en el otro los elementos sensoriales que no son posibles de transmitir a distancia. Es la ocasión para comprender si es posible “encontrarse”, de reconocerse en lo que era la relación virtual, y en aquello que de algún modo nos llamó la atención, llevándonos a una cita real. Se trata por lo tanto de comprender si existe realmente afinidad o no, y de decidir si continuar en la realidad externa con dicha relación.
A menudo este primer encuentro se llena de ansias y temores, aparece el miedo de entrar en juego o de que la otra persona te rechace. La tensión y la timidez pueden producir también el temor de no conseguir presentarse como uno es en realidad en esta ocasión. Una ayuda para afrontar este tipo de problemas puede ser el pensar que la primera cita tiene como objetivo real entender si existen intenciones de continuar conociendo a la otra persona con otro encuentro más, la finalidad del encuentro de hecho no es la de ser juzgados o valorados, sino que es la de comprender recíprocamente si darle vida a la relación más en profundidad o no.
Es necesario ser uno mismo y, una vez llegados a ese punto, tener predisposición a escuchar a la otra persona, crear un espacio no saturado de expectativas y deseos, que nos lleve a comprender todo como realmente es, librándonos de cualquier tipo de perjuicios o fantasías más allá del aquí y ahora de este encuentro.

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